Teorías de conspiración
La primera ola de Titanicmanía, inmediatamente después de la tragedia, vino dada por los enigmas, las preguntas sin respuesta y las indagaciones en el tema. Alguna de estas ideas acabó convirtiéndose en teorías de conspiración. Dichas teorías son consecuencia indirecta del nerviosismo colectivo y de la necesidad de encontrar un culpable.
La teoría de J. Bruce Ismay consistía en afirmar que el capitán Smith navegaba imprudentemente a toda velocidad. Y que los miembros de la tripulación intentaron evitar que los pasajeros de tercera llegaran a la cubierta de los botes salvavidas. No hay pruebas que respalden la teoría de Ismay; de hecho, los pasajeros de tercera clase que testificaron en el Senado americano durante la investigación, declararon que una puerta bloqueada no era lo mismo que obstrucción sistemática del derecho a vivir de los pasajeros de tercera clase.
Es más probable que la compañía de radio Marconi obrara para deshacerse de testigos oculares que presenciaron la tragedia y que no procedían de su canal de noticias de radio.
La segunda ola de Titanicmanía surgió en los 50 (por el clásico literario de Walter Lord, Una noche para recordar, y en el que se basó la película) y tuvo que ver más con una nostalgia británica y americana por la estabilidad y la elegancia de la era moderna, más que con el escepticismo o recriminaciones.
Con la tercera ola, que se produjo en los 80 durante la búsqueda de los restos y su encuentro en 1985, volvieron las teorías de conspiración. Se llegó a insinuar que los armadores del barco trabajaron con diseños repletos de errores y materiales inadecuados.
Una de las teorías de conspiración más extravagantes, se tramó en 1995: los dueños de la embarcación suplantaron el Titanic con un Olympic que no estaba en buenas condiciones y lo hundieron deliberadamente (colisionando con un iceberg) con el fin de agenciarse la compensación de la compañía aseguradora por hundimiento del Titanic. Hubo una leve sospecha de que la White Star Line enviara un telegrama falso a sus dueños, que decía que el Titanic se dirigía a Halifax con todos los pasajeros a salvo cuando un dispositivo entró en pérdida, y poder así cobrar la indemnización.
Pero en 1995 las teorías de conspiración se convirtieron en fenómenos de marketing, dejando atrás el periodismo de investigación o los estudios más serios.