Un fiero orgullo y sangre de Belfast corrían por las venas de aquellos que hicieron realidad el Barco de los sueños. Estos jóvenes aprendices como Alfie Cunningham y William Campbell trabajaron largo y duro para que el Titanic -el barco que colocaría a Belfast en el mapa-, fuera el más admirable que el mundo hubiera visto jamás.
¡Cómo se habrían sentido cuando el diseñador, Thomas Andrews, les ofreció sus propios pasajes para el viaje inaugural de la nave! Estos “chicos del Titanic”, dos meros jovenzuelos, navegando en un sueño creado por ellos mismos, un pedazo de ingeniería mágica de la que eran dos de sus hechiceros.
Nueva York y la aventura les llamaban; Alfie pondría a prueba el característico encanto de Belfast con las chicas y Willie emprendería la escalada de la majestuosa Estatua de la Libertad. La vida se les presentaba como una gran pradera de oportunidades.
Los ‘Guarantee boys’ jamás habían contemplado la posibilidad del hundimiento del Titanic; sin embargo, cuando el viaje de sus sueños se convirtió en una pesadilla, pocos habrían podido sentir la pérdida como estos extasiados chicos de Belfast.