Las clases del Titanic
Hoy no nos resulta fácil imaginar las claras distinciones que existían entre las clases de personas que viajaban en el Titanic. Lo más destacable es el hecho de que la estructura de clases en lugar de basarse en la capacidad de pagar, como sería el caso en la actualidad, se basaba en los estratos sociales de los que se procedía por nacimiento.

La primera clase del Titanic estaba compuesta por aristócratas como la Condesa de Rothes o Sir Cosmo Duff Gordon y familias acomodadas como los Widener, los Spedden, los Astor y Benjamin Guggenheim. El precio del pasaje dependía de las dimensiones de la suite o del camarote en el que viajaban. Algunos optaron por reservar suites con comedores y salas de estar privadas, así como dormitorios para ellos y para sus sirvientes y ayudas de cámara. Los precios oscilaban entre las 260 y las 60 libras. Por ejemplo, todos los miembros de la familia Ryerson de Pensilvania viajaban con un billete por valor de 262 libras. La familia estaba formada por Arthur Ryerson, su esposa Emily, sus tres hijos y la criada de la señora Ryerson. Las mujeres y los niños fueron rescatados por el bote salvavidas número 4. El señor Ryerson no sobrevivió.
En segunda clase viajaban aquellos que habían alcanzado el éxito y conseguido dinero a través de su trabajo, profesionales como, por ejemplo, mineros, maestros y oficinistas. Sus tarifas oscilaban entre las 13 y las 79 libras. Edwy y Ada West del suroeste de Inglaterra se dirigían a Estados Unidos para empezar una nueva vida y dedicarse al cultivo de fruta en Florida. Sus dos hijas Constance, de cuatro años, y Bárbara, de diez meses, iban con ellos. Ada estaba embarazada y más tarde dio a luz a un varón. Edwy falleció en la catástrofe del Titanic y el resto de la familia regresó a Inglaterra a bordo del Celtic, un barco de la compañía White Star. Ada vivió en Cornwall hasta que murió a los 74 años.
Los pasajeros de tercera clase solían ser familias que emigraban a Estados Unidos procedentes de Suecia, Irlanda, Bélgica e Inglaterra. En muchos casos, los pasajeros habían vendido todo lo que tenían para poder pagar el pasaje a bordo del Titanic y contar con unos pequeños ahorros para empezar en Estados Unidos. En principio, muchos iban a hospedarse con parientes que ya habían partido y se habían establecido en ciudades como Filadelfia y Chicago. En tercera clase había distintos estándares de alojamiento. El precio medio de un billete rondaba las siete libras, aunque muchos viajaban con billetes familiares que oscilaban entre las 25 y las 40 libras. Un ejemplo típico era la familia Skoog de Vastergotlan (Suecia). William y Anna Skoog y sus cuatro hijos habían estado viviendo en Michigan, pero habían regresado a su patria, Suecia. Se arrepintieron de aquella decisión y decidieron regresar. Los niños tenían 11, 9, 5 y 2 años. Los Skoog habían convencido a dos parientes para que los acompañaran. Viajaron desde Suecia hasta Hull, en el norte de Inglaterra y, más tarde, hacia el sur para embarcar en el Titanic en Cherburgo. Todos fallecieron en la catástrofe.