Para los pasajeros de primera clase a bordo del Titanic, la clase social lo era todo. La compañía a la hora de sentarse a la mesa, el tamaño de la suite y los compañeros para jugar a las cartas, determinaba la clase social. Pero quizá la forma más determinante de marcar la clase social era la manera de vestir. Para las mujeres en particular, llevar lo último en conjuntos del diseñador de moda podía significar estar a la cabeza de la carrera. Llevar el mismo vestido de la noche anterior durante la cena era algo inconcebible.
Era una época en la que la moda estaba en constante cambio e incluso la generación más vieja tenía la necesidad de que ser visto abrazando la modernidad. Un paso en falso en la moda podía provocar un descenso a nivel social. Jugar a este juego era muy complicado.