Historias de los supervivientes del Titanic
Solo alrededor de setecientas personas sobrevivieron a la catástrofe del Titanic. El barco estaba diseñado para transportar a unos dos mil trescientos pasajeros y a una tripulación de novecientos miembros aproximadamente. Los botes salvavidas podrían haber llevado a mil personas aproximadamente, pero muchos abandonaron el lugar sin que se ocuparan todos los sitios disponibles. El miembro de la tripulación de mayor categoría que sobrevivió a la catástrofe del Titanic fue el segundo oficial, Charles Lightoller. Su testimonio durante el interrogatorio sobre el hundimiento del Titanic proporcionó el registro más preciso sobre las últimas horas del barco.
La costumbre vigente era que los hombres se mantuvieran a un lado y dejaran subir a los botes salvavidas a las mujeres y a los niños primero. Muchos caballeros de primera clase se resignaron a su destino. Si desglosamos a los supervivientes del Titanic por clases, sobrevivió el 60% de los pasajeros de primera clase, un total de 200 aproximadamente. De segunda clase, se salvaron 120 personas, que representa el 42% de todos los pasajeros que viajaban en esta categoría. Hubo 174 supervivientes de tercera clase, lo que equivale a la cuarta parte de todos los que viajaban a bordo, y se rescató a 214 miembros de la tripulación, un 24% del total.
La última superviviente fue una señora llamada Milvina Dean. Milvina solo tenía nueve semanas cuando fue rescatada del Titanic y tenía 97 años cuando murió. Casualmente, murió en la fecha del 98 aniversario de la botadura del Titanic. La última superviviente del Titanic viajaba a Estados Unidos junto a su madre, madre y hermano. Emigraban a Kansas City, donde su padre iba a llevar un estanco. El padre de Milvina, Bertram, de tan solo 25 años de edad, falleció en el hundimiento del Titanic. Había notado el impacto del iceberg y le dijo a su esposa que subiera a cubierta con los niños. Después de llegar a Nueva York en el Carpathia, el resto de la familia Dean regresó a Inglaterra. La madre de Milvina no le habló de la catástrofe del Titanic hasta que cumplió 8 años. Milvina vivió en Southampton y en sus alrededores durante toda su vida y, en sus últimos años, dedicó gran parte de su tiempo a responder las cartas de admiradores del Titanic de todo el mundo, a firmar autógrafos y a recibir visitas.